Viernes inuit

Mi gran amigo H me manda casi todos los meses el Suplemento Ojarasca del diario La Jornada calentito, recién salido del horno.

¡Ahí te mando el mes de agosto!—, escribe entre exclamaciones. Y esas mañanas, al leer sus escuetos emails, no puedo evitar imaginarme a la mitad de los días del verano saliendo de la pantalla del ordenador y desparramándose encima de mi mesa, como si abriera un buzón lleno de cartas  —de cuando recibíamos postales además de propaganda— y H se empeñara en regalarme, incomprensiblemente, todos los días del mes.

Después de la reflexión recurrente, me dedico a repasar el ejemplar que llega. Todos los números de Ojarasca, sin excepción, son especiales. Todos dan un repaso al mundo, te ponen los pies en el suelo y terminan con un aporte del arte que más me gusta: el que todavía no conozco. En el último envío, por ejemplo, publicaron una ilustración del artista inuit Pudlo Pudlat (1916-1992).

Pudlo, cuyas obras están presentes en la mayoría de las colecciones de los museos de Canadá, reflejaba en sus trabajos el mundo tal y como lo percibía: natural, espontáneo, simple, y lo enriquecía con colores y algunas fantasías. Esquimales, pavos, arcoíris, renos, búfalos y cacerías. Todo esto dibujaba este señor indígena, descendiente de los indígenas del Ártico, también llamados esquimales, expertos piragüistas, pescadores y cazadores de focas. Sobre todo me ha parecido muy simpático y muy moderno. Ya lo hubiera querido conocer ‘el aduanero’ Rousseau, icono de la pintura naïf, he pensado.

En la obra de Pudlo también se puede leer entre líneas algo de travesura. Me ha parecido que tenía mucho que ver con una tranquila y soleada tarde de viernes como la de hoy.

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