Por qué todavía te preguntas si deberías bailar swing

La ola de recuperación del swing surgió en la California de los años 80. Calor, sol, playa. Gente joven y despreocupada dando palmas a buen ritmo y haciendo acrobacias. Bailaban lindy hop. Lejos de menguar, la fama de esta disciplina se extendió en las siguientes décadas invadiendo calles y plazas de ciudades de medio mundo. ¿Qué tiene este baile para que cada año su número de adeptos crezca sin parar y, sobre todo, para que tú todavía te preguntes si deberías aprender a bailar swing?

— ¿Oiga? ¿Es ud. Frankie Manning el bailarín?
— No, soy Frankie Manning el cartero.

Se equivocaba. Sí era Frankie Manning el bailarín. Cuarenta años antes, tras revolucionar el mundo del swing en la década de los 30 y los 40, Manning se alistó en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial. Una vez terminada la contienda, y frente al avance del bebop y el rock ‘n’ roll, decidió hacerse cartero hasta que fue redescubierto y lideró la oleada de neoswing que hoy vivimos.

Los Whitey’s Lindy Hoppers con Frankie a la izquierda del todo.

El origen del lindo hop —la variante más famosa del swing—, tal y como lo conocemos hoy en día, se encuentra, para ser precisos, en una madre diciéndole a su hijo que nunca llegaría a ser bailarín. Era la madre de Frankie Manning, el protagonista de esta historia, que consideró a su hijo, cuando éste era pequeño, demasiado rígido y poco flexible como para dedicarse al baile. Nunca sabremos si fue la terquedad o un complejo de Edipo lo que le ayudó a revertir el curso de su historia. El caso es que, de adolescente, Frankie comenzó a frecuentar los clubs de Harlem, donde residía, y no salió de ellos hasta convertirse en una de las figuras clave del movimiento swing de la época.

Uno de estos clubs, el mítico Savoy Ballroom, rinde hoy homenaje al artista en su página web. “Frankie se inspiró en George “Shorty” Snowden y Leroy “Stretch” Jones, la primera generación de lindy hoppers. Con el propósito de enfrentarse a estos dos grandes bailarines en las intensas competiciones celebradas en el Savoy Ballroom, desarrolló su propio y único estilo. Él es el responsable de las muchas innovaciones en pasos y estilo del lindy, incluyendo bailar en un ángulo agudo con el suelo como un corredor, en lugar de en la posición de salón vertical y rígida de sus predecesores”. Fue en una de esas competiciones en las que Frankie asombró al público, compuesto de más de dos mil personas, con el primer lindy airstep de la historia, que realizó junto a su pareja de baile Frieda Washington. Él mismo recuerda aquellas sesiones en este vídeo.

En 1935 un empresario organizó a los mejores bailarines del Savoy en una compañía profesional que llamaron Whitey’s Lindy Hoppers, en la que Manning se erigió como coreógrafo además de desempeñar su papel como bailarín. De ahí pasaron a Broadway y llegó el  éxito, que se confirmó con sus intervenciones en varias películas como Radio City Revels (1937), Big Apple (1939), Hellzapoppin (1941) o Hot Chocolates, con Duke Ellington (1941).

Giró por todo el mundo con los mejores músicos de jazz: Ethel Waters, Ella Fitzgerald, Bill ‘Bojangles’ Robinson, Duke Ellington, Billie Holiday, Count Basie o Cab Calloway. En 1937 llegó a actuar para el rey Jorge VI de Inglaterra y en 1941 protagonizó un reportaje de la revista Life en la que destacaban sus creaciones y su estilo acrobático.

Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, la compañía se desintegró, ya que varios de sus componentes, igual que Manning, se alistaron en el ejército. Al terminar la contienda, en 1946, Frankie formó su propia compañía, The Congaroo Dancers, con la que giró con Dizzy Gillespie, Sarah Vaughan o Nat ‘King’ Cole. Pero las modas tienen sus tiempos y no se entretienen en darlos por cumplirlos. Así que a medida que el bebop y el rock ‘n’ roll fueron calando en la década de los 50, Frankie comenzó a tener menos trabajo. Se casó, encontró un empleo estable en el servicio postal, fundó una familia y se retiró del mundo del espectáculo.

Más de treinta años después, en 1985 Al Minns, un ex miembro de Whitey’s Lindy Hoppers, comenzó a dar clases de swing en el Sandra Cameron Dance Center de Nueva York. Tres años después falleció. Fue por aquel entonces que la New York Swing Dance Society (NYSDS), otra de las grandes impulsoras de este fenómeno, fue creada y jóvenes y mayores comenzaron a volver a los salones para bailar swing de manera más intensa que en los esporádicos eventos que habían tenido lugar hasta entonces. El mismo Frankie cuenta en sus memorias que lo vio claro en una de las sesiones de baile organizadas por la NYSDS en el Cat Club de Harlem. “Vale, ahora sí está volviendo”, pensó.

A través de Bob Crease —un miembro de la NYSDS—, dos de los alumnos californianos de Al Minn, Erin Stevens y Steven Mitchell, supieron que Frankie Manning seguía vivo. Cuando se quedaron sin profesor, decidieron coger la guía telefónica y llamar a todos los Manning que hubiera en ella. Fue así como sucedió aquella curiosa conversación que Manning relata en sus memorias y en la que negó, sin querer, ser él mismo.

— ¿Oiga? ¿Es ud. Frankie Manning el bailarín?
— No, soy Frankie Manning el cartero.
— Pero, ¿solía bailar?
— Sí, pero ya no lo hago más.

Roto un supuesto escepticismo inicial, y gracias a la persistencia de Erin (con quien después haría decenas de tutoriales en Youtube), Frankie aceptó verles y continuar instruyéndoles. En California, Stevens y Mitchell impulsaron la nueva ola de swing que sigue creciendo hoy en todo el mundo. Con ella Manning volvió a escena como bailarín e instructor de numerosos talleres y seminarios por todo el planeta. Uno de los más conocidos, por su pionerismo y también por su intensidad —dura hasta cinco semanas— es el de de Herräng, en Suecia, al que asistió como instructor desde el año 89 hasta su muerte.

En ellos apareció ocasionalmente acompañado de Norma Miller, su pareja de baile de antaño, con quien viajó a aquellos lugares que visitó durante sus exitosas giras de los años 30 y 40. Con 75 años, Maninng coreografió el musical de Broadway ‘Black and Blue’, por el que recibió en 1989 un premio Tony. Y en 2000 se le concedió la beca Arts National Heritage Fellowship de la agencia estadounidense National Endowments of the Arts —una agencia independiente del gobierno que financia proyectos artísticos—.

Durante toda ésta última época era habitual verle en artículos en GQ, la revista People o incluso protagonizando un reportaje en uno de los programas en horario de máxima audiencia de la cadena ABC. El frenesí llegó a tal punto que bailarines de todo el mundo estuvieron celebrando su cumpleaños con talleres y bailes multitudinarios durante años. Incluso se organizaron galas en Japón y cruceros para la celebración de sus 89 y 90 cumpleaños.

Un mes antes de cumplir los 95, Manning murió en su casa de Manhattan. Sin embargo, el 26 de mayo siguiente más de 2.000 bailarines de 33 países diferentes celebraron su cumpleaños en Nueva York durante cinco días, con concursos y eventos especiales. Entre ellos está el multitudinario Shim Sham —número tradicional en los bailes sociales desde los años 80, implantado por Manning y la NYSDS— que se celebró en el Central Park y que ganó un récord Guinness por su gran afluencia. Cinco años más tarde, en la celebración número 100 del cumpleaños de Frankie, la comunidad internacional de lindy hoppers decidió instaurar el 26 de mayo como el Día Mundial del Swing.

Hoy, su reconocimiento es tal que hasta Google le dedica un doodle. Además, Manning es uno de los artistas que integran el National Museum of Dance’s y sus fans le siguen visitando en el cementerio de Woodlawn de Nueva York. Los que le conocieron dicen que su deslumbrante sonrisa y un ritmo corporal tan trepidante y alegre como el de la misma música, hacían su baile enormemente contagioso. “He tenido una vida fascinante, realmente maravillosa”, aseguró numerosas veces antes de morir. Ahora, ya sabes. Quizás Manning tenga algo que ver en que todavía te preguntes si deberías bailar swing.
Y para los que ya lo hacen… ¡Feliz día mundial del Swing!

Leave a Reply

Your email address will not be published.