Pedro Melenas

Buscando información sobre los primeros ilustradores de libros infantiles me he encontrado con Pedro Melenas, Struwwelpeter en su idioma original. Su autor, el médico alemán Heinrich Hoffmann, lo escribió en el año 1884 con un fin muy claro: elaborar un cuento divertido y ameno para su hijo de tres años.

Según los retratos de la época veo que Hoffmann, de joven, era un poco guaperas, no como su personaje ‘el melenas’. Y es que Pedro es un niño que está siempre metido en el fango, o persiguiendo perros ladradores, o cayéndose a ríos de agua helada, o dejándose crecer las uñas hasta el infinito. De ahí las pintas del niño, que parece un Frankenstein y no un modelo que presentar a nuestros vástagos.

Pero este aspecto de monstruito era el que buscaba Hoffmann cuando se imaginó el cuento en la cabeza. En esa época en la que Leon Tolstoi, Mark Twain u Oscar Wilde publicaron libros que hoy seguimos leyendo, y a pesar de los esfuerzos de algunas personas, entre ellas precisamente estos autores —insumiso y pacifista el primero, antiimperialista el segundo, homosexual repudiado el tercero— por vivir en un mundo más civilizado, la Pedagogía andaba más bien a gatas —¿había Pedagogía? El trabajo infantil estaba a la orden del día y la infancia, apenas reconocida—, y los cuentos que se publicaban eran, en su mayoría, del estilo de los manuales de comportamiento y urbanidad que estudiaron nuestros padres y abuelos. Es decir: las niñas deben hacer esto y lo otro; los niños deben comportarse así y asá…

Aunque con la moralidad igualmente presente, y bajo el concepto de ‘el gato escaldado huye’, Hoffmann quiso retratar el otro lado del comportamiento, el ying del yang… Es decir, las travesuras y los correspondientes castigos del pobre Pedro en cada una de sus andanzas al salirse de la norma. Por ejemplo, en Die Geschichte von den schwarzen Buben (La Historia de los Niños Negros), San Nicolás les da un escarmiento a tres niños que molestan a otro por el color de su piel oscura. Para darles una lección, los sumerge en tinta, dejándolos más negros que la sombra del chico del que se burlaban.

Hay muchas razones por las que Pedro Melenas me ha cautivado: las ilustraciones, hechas con grabado; su título original —Lustige Geschichten und drollige Bilder für Kinder von 3–6 Jahren (Historias muy divertidas y estampas aún más graciosas para niños de 3 a 6 años)—, largo como un verano sin libros… Pero lo que más me gusta es que está escrito en verso.

¡Aquí está, nenes y nenas,vean bien a Pedro Melenas!Por no cortarse las uñas le crecieron diez pezuñas,y hace más de un año entero que no ha visto al peluquero.¡Qué horroroso! -¡Uy, qué miedo!¡Encontrármelo, no quiero!

Leo y releo los últimos versos y me parece que Pedro Melenas es nuestra misma actualidad. Y me acuerdo de Albé, de Libros del KO, que escribía el otro día en FB: “Se han editado y vendido muchos libros sobre la Gran Guerra, pero se ve que la gente no se los ha leído…”. Además de por gusto, quizás nos tendríamos que haber leído a Pedro —los europeos en general, los daneses, los franceses, los húngaros en particular— la noche del 24, antes de ir a votar. Quizás nos lo tenemos que leer de vez en cuando, antes de escribir cualquier tuit o entrada en FB. Antes de ir a un estadio de fútbol a tirar plátanos, y esas cosas.

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