La luz toma Madrid – Daniel Canogar

Publicado en la revista El Duende nº111

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ables, cintas, ordenadores obsoletos sepultan cuerpos humanos. Personajes y colores paseando a lo largo de un camino suspendido en el aire, reflejos. Juegos de luz de gran tamaño que recuerdan caleidoscopios gigantes. Montañas de chips. Rayos X. Las obras de Daniel Canogar (Madrid, 1964), dispares entre sí, nunca dejan indiferente. Un artista visual de amplio reconocimiento internacional que presenta este mes tres exposiciones en Madrid. Para perderse en sus explosiones científicas, telarañas de luz artificial.

Creador multimedia, artista numérico… ¿Cómo te definirías? Prefiero artista visual. Artista numérico es demasiado específico para mí. El arte visual engloba la escultura, la instalación, la fotografía, el vídeo… Recubre varios campos y yo trabajo con diferentes medios, por eso me siento más cómodo con ello.

Has dicho de tus obras que son ‘animaciones de luz proyectadas sobre instalaciones muertas’. Parece que últimamente traspasas más a menudo los límites del marco fotográfico, las dos dimensiones que se aprecian más en tus primeras obras. En realidad esto es una característica general de toda mi obra. Ha sido una cosa muy gestual querer salirse del marco, de la imagen tradicional, de lo que se llama la ventana de representación. Desde muy temprano tuve la necesidad de salirme de ese marco, de reventarlo y de expandirme al espacio físico del espectador, incluyendo la arquitectura que le rodea.

“Poblar arquitecturas a través del encuentro entre la luz y la materia”, como también has comentado otras veces. Sí. Creo que ese es el hilo conductor de toda mi obra: hacer la imagen más tridimensional. Salirse del marco, de la pantalla del ordenador y traer ese mundo a nuestro mundo, a nuestra realidad.

¿Qué se esconde detrás de ese interés por dar vida a materiales que otros consideran obsoletos? Quizá es un exceso de empatía hacia ellos. Cuando veo un ordenador tirado en la acera me dan ganas de acercarme y darle un par de palmaditas en la espalda y decirle que ha hecho un buen trabajo. Descartamos con demasiada facilidad objetos que son verdaderos milagros de tecnología, y creo que lo relaciono mucho con el ser humano. Nosotros hemos nacido con una fecha de caducidad y ahora descubrimos que nuestras tecnologías también. Me gusta señalar un poquito su muerte, pero también este otro aspecto más milagroso: cómo podemos volver a darles vida.

Intrigan y fascinan dos facetas tuyas como autor: el humanista que se preocupa por la persona y sus emociones y el hombre del siglo XXI que desarrolla una gran sensibilidad hacia la tecnología. ¿Eres el humanista moderno? No las considero contradictorias. Pensamos que una tecnología solamente es un ordenador, pero también lo son otras herramientas más primordiales aparentemente, como el pincel. El ser humano siempre ha estado acompañado de tecnologías.
Después de tantos años modelando y modulando la luz tu relación con ella tiene que ser muy especial, igual que con el pincel o la cámara de fotos. Recordaba estos días con mi familia encontrarme, con dos o tres años, ante una enorme sorpresa: un gran árbol de Navidad lleno de luces. Es una imagen que me impactó enormemente, me emocionó, me captó. Creo que de alguna forma sigo queriendo crear árboles de Navidad, remitir a ese éxtasis, ese mundo de fantasía y ensoñación que permite la luz al transportarte a otros mundos y a otros espacios. Estas experiencias vitales marcan mucho tu mirada y tu forma de trabajar.
¿Qué me dices de la luz con la que te levantas todos los días, de la luz de Madrid? Madrid tiene una luz muy cambiante y que siempre me intriga. Me interesa la dureza de la luz en verano de Madrid. Madrid no tiene una luz suave, tiene una luz muy dura y donde hay mucha luz también hay mucha oscuridad, mucha sombra. Me gustan mucho los contrastes lumínicos. No es antes la luz sino la oscuridad que la acompaña.

Como por ejemplo tu obra Palpitaciones, con esas manos que, efectivamente, parece que se van a poner a latir de un momento a otro. Sí, es una imagen muy barroca con muchas manos, una de las primeras obras que realicé con fotografía digital. Ahí se ve bastante bien el tipo de iluminación que me gusta, claroscurista.

¿Qué giro ha dado a tu obra al contar con el reconocimiento internacional del que gozas? Cada proyecto es un enorme reto e intento resolverlo lo mejor posible, tanto aquí como en el extranjero. Esto no cambia mis intenciones o mis ambiciones, aunque quizás me pone en contacto con un terreno con muchos más artistas y eso también me crea un nivel de exigencia mayor con respecto a cosas tan banales pero importantes como acabados o técnicas, o diferentes formas de derivar un estudio. Todo eso son cosas que las veo más cuando estoy fuera de España, me hace pensar más en grande, y eso es importante.

Este mes podemos ver en Madrid:
Vórtices, exposición que alberga la Fundación Canal (C/ Mateo Inurria, 2), está formada por cinco instalaciones producidas especialmente para esta muestra en la que el artista reflexiona sobre el agua, el ciclo hidráulico, la sostenibilidad y el reciclaje.

Travesías, que estará ubicada en la Sala Canal de Isabel II (C/ Santa Engracia, 125), fue creada en su origen para el atrio del edificio Justus Lipsius del Consejo de la Unión Europea en Bruselas, donde permaneció expuesta de enero a junio de 2010, coincidiendo con la Presidencia Española de la Unión Europea. Ésta será la primera vez que se mostrará al público español.

Enredos es la nueva serie del artista que se expone en la Galería Max Estrella. Redes de luz con las que el artista reflexiona sobre la nueva sociedad de la información. No faltan sus habituales materiales reciclados con los que Canogar encara al público con la sociedad de consumo.

Más sobre el artista: entre sus exposiciones individuales y colectivas destacan las realizadas en la Fundación Arte y Tecnología de Madrid, el Metronom de Barcelona; el Museo de Historia Natural de Nueva York, el Wexner Center for the Arts, de Columbus (Ohio); el Museo Kunstsammlung Nordrhein Westfallen de Düsseldorf (Colección de Arte de Renania del Norte) y el Museo Hamburger Banhof de Berlin (Arte Contemporáneo).

Entre sus proyectos para espacios públicos destacan Clandestinos, proyección de video sobre La Puerta de Alcalá de Madrid; Asalto, proyección de video sobre el Alcázar de Segovia, y Constelaciones, mural fotográfico permanente sobre los Puentes del rió Manzanares en Madrid. Texto: Ángela Santafé.

Texto: Ángela Santafé. Imagen: Travesías / en cabecera: Spin.

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