El mundo de hoy – Festival de Avignon

Publicada en El Libro Rojo de las Artes Escénicas

Vincent Baudriller (Francia, 1968) es el co-director del Festival de Avignon -junto a Hortense Archambault- desde 2003. Además de comentar cómo se ha desarrollado la edición 64, celebrada el pasado mes de julio con notable éxito de la doble propuesta española -las obras “La casa de la fuerza” y “El año de Ricardo” de Angélica Liddell-, analiza el panorama de las artes escénicas y nos avanza algún contenido del próximo año.

¿Cómo fue la 64 edición? Como todos los años, hemos tratado de dar a conocer a artistas que se arriesgan con creaciones novedosas. En Avignon la mayoría de los espectáculos son estrenos. No es un Festival para especialistas, sino que nos abrimos al gran público. Y este año se han vendido más de 115.000 entradas, lo que significa una afluencia enorme.

¿Y la acogida del público? Las propuestas de los artistas se han dirigido hacia un nuevo tipo de escritura teatral que juega mucho con los ritmos y los tiempos, que versa sobre la musicalidad. Este enfoque le gustó mucho al público, aunque como siempre hubo discusiones y polémicas sobre algunas propuestas. Es lo que enriquece al Festival, que es un lugar a donde el público no viene sólo como espectador, sino también por el placer de participar en los debates que se organizan después. Esta dimensión de ágora es muy importante.

¿En qué consiste esa musicalidad? En que no son obras únicamente narrativas, sino que, como en la música, se desarrollan con un ritmo determinado que pretende provocar ciertas emociones y sentimientos.

Su compañera, Hortense Archambault, ha dicho que “el escenario es el lugar en el que las preocupaciones personales toman una dimensión colectiva”. ¿Cuáles se han visto este año en Avignon? Este año hemos tenido varias miradas sobre la marginalidad, sobre lo pequeño… La tensión entre lo íntimo frente a la dimensión del poder político.

Estos son los temas que tocan las dos propuestas de Angélica Liddell, la única participante española en el Festival. Sí, es verdad. Fue un choque enorme. Público y directores de todo el mundo han descubierto en Avignon a Angélica Liddell como una artista muy potente con El año de Ricardo y La casa de la fuerza, que se estrenó en un antiguo claustro del siglo XIV. Es una artista total, autora, directora, actriz, que ha trabajado muy bien entre esas dos dimensiones: el dolor y la violencia íntima frente a la dimensión del mundo y del poder. Las obras de Angélica son un ejemplo perfecto de musicalidad. Su narración es lineal, pero cuenta con momentos muy lentos, de contemplación y con otros momentos de acción, de violencia muy física y muy concreta sobre la escena. No era sólo en el uso de la música, que era fantástica, sobre todo en La casa de la fuerza, un trabajo soberbio, sino el ritmo mismo de su propia escritura. Ha provocado emoción, choques profundos en la intimidad de cada espectador jugando con esa tensión entre lo íntimo y lo privado.

¿Y otras obras que hayan emocionado al público? Está el trabajo de Alain Platel, el coreógrafo belga de Gardenia, una obra sobre unos ancianos travestis, el paso del tiempo y la marginalidad, y que trata estos temas con mucha ternura. Su otro espectáculo, Out of context for Pina, que versa sobre la condición del ser humano, también ha sido muy emocional. Igual que Schutz vor der Zukunft -‘Para protegernos del futuro’, de Christoph Marthaler, que ha hablado de los experimentos que hicieron los nazis con niños y minusválidos. Hizo un poema musical muy emocionante sobre esa temática.

Todos los años invitan a artistas reconocidos para que dibujen el eje sobre el que se desarrolla el Festival. ¿Cómo ha funcionado este año? Han participado el escritor Olivier Cadiot y el músico y director Christoph Marthaler. Ambos también han puesto el énfasis de sus creaciones en la musicalidad. Ha sido un diálogo muy enriquecedor y positivo con un exponente principal: Papperlapapp -‘blablabla’ en alemán-, el espectáculo de apertura de este año. Es muy original. Marthaler ha propuesto algo muy reducido y con un tiempo muy lento sobre la dimensión inmensa del Palacio de los Papas. Ha sido una propuesta jamás hecha en este lugar, significa la llegada de un nuevo lenguaje. Estamos muy contentos con esta creación, aunque ha sorprendido mucho a una parte del público, y a veces surgen discusiones tras un choque estético.

¿Qué nos puede adelantar sobre el festival del 2011? El punto de salida será el trabajo del bailarín y coreógrafo francés Boris Charmatz, director del Centro Coreográfico Nacional de Rennes. Forma parte de la nueva generación de coreógrafos franceses que relaciona en su trabajo la danza con las artes visuales. Y es un bailarín excepcional.

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